¡Gracias, chicas!‏

30 junio

Tengo unas amigas fantásticas, lo reconozco. Como soy la única que está casada y con hijo cada semana hacen el esfuerzo de quedar a cenar con nosotros porque ya somos un pack: el enano y yo. De hecho al enano le hemos rebautizado como “lapita”. Normalmente quedamos un día entre semana, porque eso sí, se reservan los findes para salir a muerte que, para eso, “están en la edad” como diría mi madre. Y unas veces vienen a casa y otras salimos fuera.

Poco a poco voy haciendo cada vez más planes de padres con niños pequeños. Creo que es debido a que hay muchos padres en la misma situación que yo, su entorno aún no está en la fase de “procrear” y se encuentran solos. Por lo que, cuando os encontráis a otros padres en las mismas circunstancias os agarráis unos a otros con desesperación. Nunca he hecho tantos “amigos” como ahora. Estoy creando mi propio círculo de padres-con-hijos-pequeños-que-no-quieren-hablar-solo-de-niños-bajar-todas-las-tardes-al-parque-y-quieren-charlar-tomando-un-vino-o-una-copa.

Es curioso cómo una vez que tienes pareja tu entorno te empuja al matrimonio y una vez casado te insisten en tener niños. ¿Y luego? Y luego tu vida se trastoca y hacer planes es complicadísimo. Los niños tienen sus horarios y sus ritmos y hay que adaptarse a ellos. Por lo que entre comidas, siestas y baños te queda poco tiempo para salir de casa y tener vida. Más aún si trabajas hasta tarde o tu marido viaja mucho como el mío. Tienes a un ser colgado a tu cuello y que depende de ti 100%, así que tu persona tiende a anularse en favor de tu hijo. 

Pero como una ha salido un poco “descastá” no llevo muy bien esto. Así que el quedarme en casa encerrada no me gusta y no va conmigo. Sobretodo porque un ser nocturno que hasta las 12 por lo menos no se duerme. Pero soy afortunada porque he tenido un hijo santo que me permite cenar en un japonés con él dormido en la sillita a mi vera. Alguna vez me he visto observada por las mesas de alrededor, ojos inquisidores que se te clavan para que te des cuenta de que les parece fatal que estés más tarde de las 9 fuera de casa con un niño. Y peor aún si ven una copa de vino sobre la mesa...

Pero, como he dicho, gracias a Dios tengo unas amigas estupendas que quieren y soportan a mi hijo con paciencia y cariño. Aguantan con una sonrisa la lluvia de cosas al suelo del enano y se lo pasan de unas a otras para entretenerle mientras lo recojo todo y pido disculpas en el restaurante de turno. Buscan planes a los que podamos ir “lapita y yo” e incluso nos buscan amigas en la misma "situación" que nosotros para que podamos disfrutar de un vino mientras los niños juegan juntos...

¡Gracias, chicas!‏


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