Esos maravillosos 30...

29 agosto

En agosto fuimos a una boda y descubrí lo muy apartada que me encuentro del mundo terrenal... ¡No conocía ni la mitad de las canciones! Y eso mientras veía a todos bailar y hacer coreografías entusiasmados y yo allí en medio, plantada con cara de boba, sin saber dónde esconderme por el bochorno que estaba pasando. Se me había olvidado que hay vida ahí fuera. Fuera de los cubos y las palas, de la piscina y el parque, fuera de los cuentos y las construcciones. Y, de repente, me di cuenta de que me había borrado como mujer de 30 años por convertirme en madre de 30 años. Lo digo así porque este año todo mi grupo de amigos del colegio cumplimos 30 años...

Precisamente a cuento de las celebraciones de los 30 cumpleaños de todos recibí hace bien poco un doloroso golpe en forma de comentario inocente. Al despedirme de unas amigas que vinieron a cenar me recordaron que teníamos una fiesta de cumpleaños este fin de semana, les comenté que no podría ir por cuestiones de infraestructura y me dijeron como quien no quiere la cosa "pues chica, como sigas así, todo el día diciendo que no a los planes nocturnos vas a quedarte sola y sin amigos". En ese momento no pude responder pero me quedé toda la noche dándole vueltas, discurriendo millones de respuestas adecuadas que en ese momento no se me habían ocurrido... El comentario venía porque hace unos meses tampoco fui al anterior cumpleaños del grupo puesto que lo celebró con un fin de semana en Londres. Compré el billete del avión para ir, pero me pesaba mucho pensar que me iba a gastar cerca de 500 € en un fin de semana... Perdí el dinero del billete y pasé ese fin de semana tirándome de los pelos en casa, por supuesto... ¡Qué mujer no desea un finde temático de compras y juerga en una ciudad como Londres!

Esto me pasa porque mi vida es muy diferente a la de mis amigos, que casi todos viven una especie de segunda adolescencia entrando y saliendo todo el día. Sin ataduras mayores que un trabajo diario, pero con fines de semana libres, vacaciones, dinero disponible, sin hipotecas ni maridos a los que atender cuando llegan de viaje... No me puedo quejar porque verdaderamente tengo lo que quiero: elegí un trabajo con menor salario por el horario y la proximidad para poder disfrutar lo máximo del enano. Pero no quita que a veces me apetezca tener la libertad y la vida que llevan muchos de mis amigos... Y eso que cuento con unas amigas fantásticas que soportan a la "Lapita" con paciencia. Pero no es lo mismo. Yo llego agotada al fin de semana y sin ganas de subirme al tacón y bailar toda la noche, flirtear o tomarme unas cuantas copas. Más bien lo contrario: sueño con meterme en la cama y rezo para que el niño se despierte a las 9 en vez de a las 8 como tiene costumbre, sin discriminar lunes de sábados.

¡Es curioso lo diferentes que pueden ser los 30 para unos y otros! Espero que a los 40 nuestras vidas vuelvan a ser parecidas.

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