Arnica, cristalmina y otros remedios en el bolso

10 octubre

Tengo un hijo terrorista. Lo reconozco, desde que aprendió a gatear cada vez se inmola más contra los muebles y ahora que ya anda le ha dado por escalar. A veces hasta me sorprende su habilidad para alcanzar sitios inimaginables. Lo malo es que siempre acaba calléndose...

Otra de sus genialidades es tirarse de los toboganes con la cabeza por delante, por lo que además de comer tierra acaba con las rodillas destrozadas y llenas de raspones. Como no llegue pronto el frío y le empiece a poner leotardos o pantalones largos me temo que acabamos con injertos de carne en las rodillas.

Por lo que desde hace un mes vivo rodeada de barras de arnica y la cristalmina: tengo botes en el bolso, en el coche, en casa de los abuelos, en su cuarto, en la bolsa de la silla... Una auténtica invasión de remedios para las caídas y los raspones. La arnica ha sido todo un descubrimiento, me lo aconsejó una amiga de mi madre y ha sido mi salvación para esos golpes que sabes que van a acabar en moratón. Ya estoy harta de que la gente me mire mal por la calle como si fuera mala madre por dejar que mi hijo lleve las rodillas y la frente como un boxeador. ¡Si vivo corriendo detrás de él para que no se mate!

Sólo espero que no le pase como a Destroyer, que su Ángel de la Guarda se ha cogido la baja por estrés...

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