¡Mamá, lunar!

10 julio

De repente, mientras cenábamos anoche, el enano sacó un pie de debajo de la bandeja de la trona haciendo un esfuerzo y toda una demostración de flexibilidad. Su padre nos riñó por andar haciendo el tonto mientras cenaba pero me encantó su carita después de luchar unos minutos con el reducido espacio del asiento y me enseñó triunfante su piececito...

Yo no me creía que tuviera un lunar en el pie. Es más, hasta dudaba de que supiera qué es un lunar. Pero el enano me sorprendió con un minúsculo lunar en el dedo gordo del pie. Y, como no, me lo comí a besos, a él y a su lunar. Luego descubrimos que tiene otro en el brazo.

Pero esos momentos de confidencias, cosquillitas buscando lunares, y besos son tan maravillosos que la merecida riña del Papá en Prácticas por jugar mientras cenábamos no me importó en absoluto... Son las ventajas del verano: tenemos tiempo para hacer el tonto y jugar puesto que se acuesta media hora o una hora más tarde y el corretear por la casa descalzo (y así descubrirse un lunar en el pie).


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