Método y técnicas a debate: la silla de pensar

01 junio

En la revista SER PADRE ponen en duda la eficacia de "la silla de pensar", un método bastantes extendido gracias a la SuperNanny británica. Yo no soy pedagoga, ni psicóloga infantil, ni siquiera madre de familia numerosa, pero creo que, como ocurre con el "Método Estivil", todo es útil si se sabe hacer bien y no se lleva a puntos extremistas. De esto ya os hablaré un día.

En otro artículo de la web de SER PADRES comentan cómo adaptar el método de la silla a niños menos de cuatro años, os copio algunos fragmentos que me parecen bastante explicativos:



"Aunque diferencia perfectamente lo que está bien de lo que está mal, qué cosas nos gustan y cuáles no, el niño de dos años no tiene capacidad para reflexionar ni para anticipar conductas como las rabietas. Él no piensa, siente. Y además la mayoría de los niños de esta edad necesitan a un adulto para autorregularse; no pueden hacerlo solos.
El rincón de pensar es, para un niño de dos años, simplemente un castigo que puede ponerlo más nervioso."

En mi opinión, es precisamente ahí donde incide la cuestión: "La silla de pensar" es para pensar, algo que un niño pequeño no puede aún hacer por su edad. Su utilidad en esas edades (e incluso algo más mayores) es el hecho de apartarle del momento donde estaba el conflicto (rabieta, pelea, etc.) y hacerle "cambiar de aires". No va a reflexionar, pero nos sirve para atajar una situación cambiándole de ámbito al niño para poder darle la posibilidad de calmarse y tranquilizarse. Otros padres la usan como castigo para apartar al niño de una actividad que le gusta, es como mandarles al rincón sin jugar durante un rato (algo nada novedoso puesto que yo me pasaba el día castigada en el rincón por hablar en clase...). Hace poco me contó mi prima que su hermana cuando quiere castigar a uno de sus numerosos bástagos (de entre 5 y 12 años) les empieza a contar, pero al llegar a tres no les castiga si no que sigue contando hasta que éstos obedecen y el número al que ha llegado es el número de minutos que durará el castigo en "la silla de pensar" o "el rincón de pensar" de turno.

Por tanto, la silla es una herramienta y no debería de usarse como si fuera "el coco". De hecho, en casa "la silla de pensar" es la misma que usa luego para pintar o jugar a la plastilina, solo que la colocamos mirando a una pared del salón con un reloj delante. El niño se distrae mirando moverse las manecillas del reloj hasta que llegan al lugar que le hemos indicado que es el tiempo que debe permanecer ahí, prueba de que no buscamos que "piense" si no que se le acabe "lo divertido" por un rato (con 3 años lo de hacerle "pensar" es imposible). Así que lo hacemos cuando queremos cortar con una situación que se empieza a irnos de las manos (juguetes que vuelan, malas contestaciones, etc.) Así cada uno se va "a su rincón del ring" y nos relajamos un poco todos...

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