¡Qué grande es Amaya Ascunce!

28 agosto

Lo sé, llevo mucho tiempo desaparecida. Entre las vacaciones y cosas varias he estado un tanto ausente. Pero no sólo la vuelta a la rutina, el trabajo y los atascos me tienen entretenida, es que también estoy un poco perezosa con esto de escribir. Tengo varios post empezados sobre sitios en los que hemos estado este verano y que quiero contaros, sobre anécdotas de los niños, el no-cumpleaños del Rubio, etc. Pero siguen ahí, en la bandeja de borradores, a medio escribir. Y la razón no es otra que pereza. Pereza por escribir. 

Y justo hoy he leído este post de Amaya Ascunce (soy muy fan suya desde hace años) y de verdad que suscribo cada una de las palabras que ha escrito. Describe, como sólo ella sabe hacer, mi estado de distracción total y falta de atención. Os lo copio para que os riáis un rato y así exculparme un poco por mi ausencia. Prometo "ponerme las pilas" y empezar a escribir ya otros post. Por cierto, su libro es un de esos que tengo de cabecera, para leer y releer cada cierto tiempo y así pasar un rato divertido...

"Me estaba costando escribir. Paso temporadas en blanco pero antes no tenía un blog así que lo notaba menos aunque siempre me ha frustrado ese vacío. Solo no me importa cuando estoy leyendo mucho. Hasta el mes pasado era el caso, pero ahora ando estancada también con la lectura. Así que muchas tardes me siento con el ordenador a escribir forzada pero siempre consigo hacer algo que me distraiga.
- Actualizar el ordenador. Sí apasionante, y me quedo mirando cómo avanza la barrita de estatus. Luego le paso el antivirus. Otra barrita. Me ordeno el escritorio. Hago figuras geométricas con los iconos. Repaso fotos antiguas...Tiempo invertido: 3 horas. Ya siento como si hubiera hecho algo. Mañana será otro día. 
- Sacar a pasear al gato al descansillo. Sí, más apasionante aún. Para el gato y para mí que me mira como alucinado. ¿Por qué te sientas ahí? ¿A qué huele este suelo? Esta esquina es mía (se frota) ¿Me puedo comer estas plantas? Tu pierna es mía (se frota) ¿Qué es este invento que sube o baja y que me lleva a otra habitación que es igual que nuestra casa pero de donde sale un señor con barba? Este señor es mío (se frota) ¿Por qué la casa del señor con barba no es como la nuestra? ¿Me puedo comer todas sus plantas? Este señor es mío (se frota otra vez) Perturbador para el vecino. Tiempo invertido 2 horas, dos arañazos y 35 disculpas.

- Mirar los árboles de mi ventana. Sacarles fotos. Intentar postearlas en Instagram. La cámara no capta la exacta y antigua belleza de mis plátanos de paseo, ni el olor perfecto de los tilos. Extasiarme. Emocionarme. Poner música. Una copa de vino. Más vino. Más música. Más tilos. Más plátanos y más fotos que no me gustan. Tiempo invertido: 5 horas por la tarde noche y 4 de resaca por la mañana. Balance general: deficitario. 
- Comer. Ahora unas olivas. Ummm creo que tengo parmesano. ¿Qué tristón es un queso sin vino? ¿Y sin pan? Bajar a por pan. Comprar pan, empanada, dos cuñas de queso, patatas fritas, galletas. Chocolate no porque si compro me lo como. Comer más olivas, y queso con cualquier forma: untado, blando, fresco, gratinado, curado. Un poco de vino. Buscar en Google el mejor queso del mundo, el más comido, el más vendido, el más caro... ¿Chocolate? Seguro que tengo algo de chocolate en algún maldito lugar de esta casa. Tiempo invertido: 5 horas. Balance: empacho.
- Pintarme las uñas. De las manos primero. Despintarlas porque me he salido por todos los lados porque en realidad me muerdo las uñas. Pintarme las de los pies mientras se secan la de las manos. Sin querer, manchar algo del sofá y estropearme la manicura. Despintarlas y volver a empezar en un bucle del que nunca consigo salir hasta que caigo medio adormilada por exceso de acetona. Tiempo invertido: mucho. Incluido un medio desmayo. Balance: una manicura de llorar. Como si hubiera metido las manos en cubos de esmalte de color rojo sangre. La pedicura decente. Aunque no sé si es porque los pies me los veo de más lejos y disfruto de unas brumosas 5 dioptrías.
- Hacer ejercicio. Sentadillas, dos.. Apretar la tripa mucho metiéndola para dentro. Hacer abdominales tumbada en el sofá. Correr en el sitio. Me quedo sin aliento. Intentar hacer el spagat. Llorar. Unas flexiones. Vale, llego a las rodillas. Llorar más. Levantar las piernas como intentando hacer un pino inverso. Lumbago. ¿Dónde tengo el voltaren? Buscar en los cajones de las medicinas y encontrar chocolate. Felicidad y cierta perturbación. Tiempo invertido: 1 hora. Balance: cero palabras, he quemado 15 calorías y me he comido una tableta de chocolate relleno de dulce de leche (Miniconsejo: ¡no lo probéis! Os lo coméis seguro). En mi línea.

- Navegar en internet. Tiempo invertido: ¿en serio creéis que voy a confesar algo así? Digamos que las horas suman días, los días suman meses...
- Cocinar: jajajaja. Es que me da risa según lo digo. Vamos, un gazpacho pocho, o un tabulé amargo. Nada que una persona normal llame cocinar. Tiempo invertido: siempre demasiado para el resultado conseguido.
Balance general. Alto índice de procrastinación (¡coño! casi no lo escribo), alimentación desequilibrada, ciertos vicios recurrentes, unos abdominales de mierda y un eco maternal que dice al fondo: "Nena, te distraes con una mosca que no pasa". Y anda que no me revienta que mi madre tenga razón.

Al menos, he sacado un post." 

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5 Comentarios

  1. También ando yo así , pero en mi caso no es pereza de escribir , sino deseos constantes de cambiar de hábitos , necesito esos cambios rutina ....Ya volveré a escribir ... Suerte para tí.

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    1. Uy, ¡eso suena a crisis mental! Pero en cambio veo que has emprendido un nuevo proyecto (¡suerte!) ¿Todo bien?

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  2. Uy que titular más chulo tiene tu post ;-))))))))))))))))
    besos y ánimo con el bloqueo

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  3. desde que estoy embarazada estoy igual!!!!! no tengo ganas de escribir me da mucha pereza!!

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