Traumas y frustraciones con los regalos de Reyes

27 enero

Hoy no voy a hablar de los niños si no que voy a hablar de mis traumas y frustraciones con los regalos de Reyes. Hace poco salió el tema en una comida y no sé si fue por el famoso "mal de muchos..." o por el vino que estábamos tomando, pero me reconfortó saber que casi todos los presentes tenían su pequeño "tema pendiente" con los Reyes Magos.

En mi caso fueron los juegos de mesa. Aunque había sido durante años un disfraz de princesa mi pequeña frustración, que venía incluido en todas y cada una de las cartas que escribía y no sabía por qué nunca se acordaban de incluirlo... Ni en casa de mis abuelos (que siempre eran más generosos y traían más juguetes y menos libros y ropa que no deseaba) Años después, el primer año en el que ya sabía la verdad de los Reyes Magos, mi Madrina se apiadó de mí y me regaló un drisfraz de tul rosa que usé y usé y usé hasta que ya no me cabía, y aún así me lo seguí poniendo pero como falda... Después vino la frustración con los juegos de mesa, sobre todo el Twister. Otra constante en mis cartas que nunca recibí (a día de hoy sigo sin tenerlo) Con el tiempo mis padres se desenmascararon y confesaron que nunca me lo trajeron los Reyes porque, como era hija única, no tendría con quién jugar. Aunque lo nieguen yo sé que lo hicieron porque no querían jugar conmigo a estirarse y poner en peligro una cadera o un dolor de espalda... Je, je. 

Pero lo de las frustraciones debe de ser un tema hereditario, porque unas Navidades los Reyes Magos me trajeron la cunita más bonita y grande que jamás había visto, de hecho era tan estupenda que la hemos guardado y a punto estuve de usarla cuando nacieron los niños. La cuna era maravillosa, pero yo nunca había pedido una cunita para mis Nenucos, así que le hice el caso justo. En cambio, mi madre estiraba sábanas, colocaba dosel, acunaba muñecos... Muchos años después descubrí que de pequeña había pedido una a los Reyes y le habían traído un triste capazo de paja con un simple colchón. Sin sábanas ni nada. Y se le quedó el trauma, claro. Lo suyo fue un flechazo en plena Gran Vía al verla en el escaparate de la tienda Así, ni me puedo imaginar cómo la pudo meter en el coche. Y menos aún la cara que debió de poner mi padre cuando apareció con ella por casa... Así que me cayó la cunita por Navidad como le caerá el Twister a mis hijos en unos años... 

No creáis que es sólo un tema familiar. Os puedo contar que una de mis mejores amigas pidió durante cuatro años seguidos el laboratorio de Micronova sin éxito. Hasta que un año los Reyes se lo regalaron a su hermano pequeño, que ni lo quería ni le interesaba. La madre alegó después que sabía que lo había pedido uno de sus hijos pero que no recordaba cuál y se equivocó... Así que mi pobre amiga no sólo no recibió el laboratorio si no que tuvo que sufrir mientras veía a su hermano con él.


Otro amigo nos contó en la comida esa que de pequeño soñaba con el Fuerte de Playmobil y al final acabó recibiendo el Rancho de Playmobil. Que sí, tenía vaqueros, pero no eran del mismo tipo de los del Fuerte... ¡Ala, trauma al canto!


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4 Comentarios

  1. Madre mía, si es que los Reyes tiene que tener un cuidado... Que estos traumas duran para siempre. En mi caso era la Barbie, todas mis amigas la tenían... menos yo. Yo tenía barriguitas, Nancys, Chabeeles, pero nunca la Barbie que pedía. Mis amigas me tenían que prstar una para jugar con ellas porque los tamaños no casaban. Así que tuve un trauma, pero debió ser pequeño porque siempre lo cuento con una sonrisa. El año pasado ¡zas! me trajeron la Barbie jajajaja

    Es que mi madre tiene una chispa... ;)

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    1. Ja, ja, ja! Me ha encantado que al final te la trajeran los Reyes el año pasado... A mí mi padre me las tenía prohibidas y las llamaba "Pescadillas", creo que era un intento suyo de alejarme del mundo cursi, rosa y de las medidas imposibles. Pero igualmente yo aprovechaba cuando iba a casa de mis primas para jugar con ellas...

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  2. Jajajajaaja a mí me paso con la máquina de hacer algodón de azúcar, yo la pedía y no me la traían, luego me entere de que mi madre decía que eso tenía mucha azúcar y no era nada sano!!! Mi madre siempre ha sido muy práctica.

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    1. ¡Como todas las madres! A mí alguien me regaló lo de hacer velas, no sé quién tuvo la idea lúcida de hacerlo. Y ni te cuento hasta donde llegó aparecer cera años después...

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